Declaración Pública a propósito de la fiebre reformista

La Nueva Fiebre Reformista que, en sus expresiones más agudas, ha llevado al Presidente de la FEUC a pararse frente a La Moneda para pedir la Reforma Universitaria junto a rostros de la dirigencia de otras universidades, nos obliga a pronunciarnos sobre los orígenes de esta demanda, los que consideramos no toman en cuenta ni las necesidades ni las inquietudes de los actores reales involucrados en la educación. Concebida entre las cuatro paredes de la oficina de los dirigentes de un par de federaciones, esta propuesta de reforma no deja de ser cupular aún con toda la intención democrática que la FEUC ha intentado dotarle a través de jornadas de reflexión y trabajo, claustros y/o asambleas, pues éstos han estado siempre mediados y limitados por el “paquete reformista” en cuestión, impidiendo así una reflexión profunda sobre los problemas de fondo sobre nuestro sistema educativo.

En general, todas las opiniones que se han vertido al respecto obedecen a la misma dinámica. En ninguna de las propuestas aparece una invitación a preguntarse acerca de la relación de nuestro sistema educativo con el actual sistema neoliberal, donde se producen las desigualdades que aquél no hace más que reproducir: al parecer ya abandonamos la discusión acerca del lucro institucionalizado en la LGE, o sobre los intereses económicos desde donde se edifica el sistema de educación de mercado.
El debate sobre las diferentes propuestas de reforma ha girado en torno a pequeñas divergencias de orden técnico, y no es de extrañarse que se evada el problema mayor: ¿Cuáles son los problemas estructurales y las verdaderas necesidades de nuestro sistema educativo?

Otro elemento que se pasa por alto en la discusión es que, como está planteado el asunto, en última instancia el contenido de la reforma debe pasar por las manos de quiénes no tienen intención alguna de cambiar las cosas, como sucedió con la LGE, ese golazo al movimiento estudiantil con el que el Congreso ha cerrado el debate sobre las bases de la educación y que en nada se parece a lo que los estudiantes exigimos, de forma amplia y democrática, el año 2006.

Si bien estimamos que algunos de los elementos que la reforma plantea no son en sí mismos negativos, creemos que ésta está únicamente orientada a hacer más eficiente un sistema que está basado en la injusticia y la explotación; una reforma al servicio de las necesidades del mercado, de aumentar los índices de competitividad del país en los rankings internacionales y de generar mano de obra de la cual se pueda extraer mayor fuerza de trabajo es, finalmente, una reforma que solo pretende hacer más eficiente al capitalismo. Por esto no es de extrañar que la supuesta “panacea de la educación chilena” no sea mucho más que una adecuación las propuestas educativas planteadas por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), cuya implementación en diversos países europeos ha sido ampliamente criticada generando conflictos sociales de magnitudes importantes.

Por esto tenemos la convicción de que el debate acerca del sentido y el rol social de la educación es fundamental. Donde se olviden estos temas parecerá pertinente la distinción entre conformismo y reformismo, sin embargo todo reformismo será una forma de conformismo cuando las verdaderas necesidades de la educación solo pueden subsanarse mediante una transformación profunda, estructural y significativa.

Consideramos que antes de aventurarse con “fórmulas mágicas”, la única opción que tenemos como estudiantes es ir más allá de nuestros muros y mirar con atención lo que pasa afuera: la única forma de lograr un cambio estructural, que pueda transformar el sentido de la educación, es construyendo de forma colectiva un proyecto educativo que ayude a terminar con las relaciones de dominación y explotación, donde los mismos estudiantes en conjunto con otros sectores de la sociedad, en base a una discusión inclusiva, democrática y que permita el intercambio de experiencias de todos, decidamos qué es lo que queremos, necesitamos y merecemos como pueblo: pues si algo es seguro, es que mas que migajas, lo merecemos todo.

¡¡Arriba los que luchan!!
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