A estas alturas del año …

A estas alturas del año debo decir -y creo no ser el único- que estoy bastante cerca de pedir una hora al otorrino –quizás en eso sí sea el único- para que me destape los oídos de tanto haber escuchado la palabra reforma, de tanta cita a la OCDE y de tanta referencia al famosísimo Plan Bolonia. Obnubilados estamos todos frente ellos, es que por fin la modernización de la educación llega a nuestras fronteras: vendémonos los ojos y sigamos a tientas el camino marcado por los “consejos” que nos da la OCDE -cual luces de pasillo de bus- y abramos los brazos lo más abierto que podamos para recibir el progreso, para recibir a la industrialización de la educación (y ojo que es un proceso mundial del cual no nos podemos restar). Frente a este escenario no estaría demás de repente, en una de esas, echarle una miradita a qué es la OCDE y qué sería el Plan Bolonia porque podría ser que quizás (aunque suene pagano) no fuese todo tan color de rosa.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) reúne a 30 de los países más ricos del mundo, sin contar a China y bastante similares a los de la OTAN. Como bien dice su nombre es una organización para la coordinación de políticas Económicas y “sociales” entre los países miembros. No está demás decir que para poder ingresar a ella es requisito liberar los movimientos de capitales, es decir ser parte activa del sistema capitalista internacional. Es ella la que en conjunto con el Banco Mundial entregaron al ministerio esta batería de consejos sobre como mejorar la educación en Chile. ¿Temor a la Mercantilización de la educación? ¿Qué pueda estar sometida a los dictámenes del mercado?, no sé de dónde sacaron esas ideas, rojos.
El Plan Bolonia, por otro lado, es un proceso que se viene gestando desde 1998 en Europa. Su objetivo principal es generar un Espacio Europeo de Educación Superior, lo que se traduce en una homogeneización del sistema educativo: homologación del sistema de créditos, se les quita parte del financiamiento público a las universidades (la idea es que se puedan autofinanciar, o sea, con aportes privados), se promueve la movilidad entre países y se facilita la convalidación de títulos. En fin, lo que hay en definitiva, o lo que dicen que hay, es una universidad al servicio de las demandas sociales, es decir –y ojo con esto-, la universidad entrega Bienes Públicos, un concepto que ya me parece haberlo escuchado antes. Y, ¿por qué es que los jóvenes españoles e italianos han protagonizado multitudinarias protestas frente a esta oferta? Bueno resulta que años atrás la mesa redonda de empresarios europeos dictó pautas sobre cómo a ellos les parecería que un sistema educacional debiese ser y por esas casualidades el Plan Bolonia se asemeja bastante a lo solicitado. Traduzcamos un poco la información, dijimos que se trata de un proceso de industrialización de la educación; tenemos universidades financiadas importantemente por privados, lo que significa que éstas se ven obligadas a someterse a las necesidades del capitalismo olvidando completamente las funciones que han cumplido tradicionalmente. Esto provoca que finalmente tengamos Universidades al servicio de las empresas y no de la sociedad. Vamos viendo entonces como es que estos Bienes Públicos se orientan cada vez más a los requerimientos del mercado que a las necesidades del pueblo mismo. Un Bien así sólo es algo que es productivo, algo requerido por el mercado ¿Búsqueda de saber? ¿Ampliación del conocimiento? ¿Pensamiento crítico y reflexivo?, antigüedades dignas de un baúl de los recuerdos.
Es esto lo que se nos viene, es el capitalismo en todo su esplendor pretendiendo arrasar con lo poco que nos queda de no mercantilizado en la educación. Esto es lo que se nos ofrece acá también –en la UC- en un paquete pseudoreformista que no tiene nada de re-formador, que no cambia nada estructuralmente, que no habla de la dominación ni de la propiedad y que de hecho lo único que hace es cementarle el camino al sistema capitalista internacional y de la mano llevarlo hasta el centro mismo de nuestro ya miserable sistema educacional guiado por los consejos, ni más ni menos, del mismísimo Banco Mundial. ¿Hay alguna forma menos reformadora de hacer una reforma que esa? Yo no sé, diga usted.

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